"No, no me gustas, nada, ni lo más mínimo.
No sé quién eres, y desde luego quiero que sepas que no me importa, no me gustas".
Y así, las primeras líneas dieron una patada en los cojones a todo aquel que buscaba una lengua para lamer sus heridas.
Si has venido aquí para leer cosas interesantes vete, pero vete con la convicción de que no leerás nada interesante en ningún sitio más, estate seguro de eso.
Si te vas enciende la tele, tócate con Nuria Roca o la primera zorra de turno, te tranquilizará tío, si eres tía tócate con cualquiera que tenga más de 20 cm de circunferencia de bíceps y luego arréglate para seguir fingiendo que vosotras no hacéis esas cosas.
¡Oh señor! Eres grande porque nos has dado calentamiento global, crisis económica y políticos gilipollas para que no nos sintamos mal por nuestra estupidez, ¡grande! ¡grande! Antes de que nos demos cuenta, una enorme polla de 25 cm estará girando en nuestro culo y lo único que nos preocupará será quién ganará la liga este año.
Por eso no me gustas, porque eres caduco, hueles rancio, tanto por tu escasa higiene como por tu cabeza estéril. Tanto si babeas delante de una pantalla de 20", como si lo haces sobre una cinta de correr, ante obras "sólo y sólo" de directores de culto, o si lo haces sobre libros "sólo y sólo" de poetas malditos.
El niñito nació desvalido: "ohhh" generalizado, y a los 4 días el muy gilipollas repartía galletas a sus amigos para que hicieran sus deberes por él. Quizá no era tan gilipollas después de todo.
Y su madre decía a sus amigas "es muy listo, mucho, el primero de su clase", el primero en joder a todos los demás con el sistema esclavista, el más listo.
Así que quiero que cada uno de vosotros me digáis, qué es exactamente lo que haréis cuando dejen de daros las galletas.
jueves 14 de enero de 2010
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